Ética profesional cuando el cliente es un menor

Mucho se ha comentado sobre los grupos de whatsapp de los padres de alumnos para comunicarse sobre aspectos relacionados con la escuela y cómo a veces, se critican y cuestionan decisiones de los profesores o del propio centro educativo.

Creo que tod@s los que tenemos hijos en edad escolar, en mayor o menor medida, hemos vivido situaciones incómodas en este sentido cuando padres que han tenido alguna diferencia de criterio respecto a la forma de educar de algún profesor, llegan a poner en entredicho y de forma pública, la profesionalidad de los docentes. Pero ¿qué sucedería si fuera al revés? ¿Os imagináis que la información que hemos transmitido a un profesor en una reunión privada, fuera puesta en conocimiento de todos los padres de la escuela? ¿Qué pensaríamos si se “cotilleara” sobre aspectos personales y privados de la vida de nuestros hijos? Es difícil de imaginar, porqué los padres sabemos que la información “privilegiada” que tienen los docentes por su profesión, nunca será transmitida a terceros ni mucho menos utilizada para menospreciar o ridiculizar al alumno, o al menos así debería ser, porque lo que ocurre en la escuela, se queda en la escuela, y porque el educador, docente y pedagogo en general, es consciente del valor y la dignidad que tiene todo ser humano. Bajo esta premisa, ningún educador que sea considerado un buen profesional, comentaría aspectos sobre la vida privada de un menor fuera del propio centro educativo, ya que está regido por un marco ético que constituye su sustrato fundamental y que se concreta en un conjunto de principios básicos de actuación.

Los padres tenemos el derecho de poder confiar en los adultos que se hacen cargo de nuestros hijos, y tener por seguro que todo aquello que sucede relativo a nuestros menores, será tratado con el máximo rigor y sin ser expuesto jamás a terceras personas del entorno de los pequeños.

Ningún educador que sea considerado un buen profesional, comentaría aspectos de la vida privada de un menor fuera del propio centro educativo
El secreto profesional es un deber al que todos los profesionales debemos atender. Los que participamos en la atención médica sanitaria de las personas, lo sabemos bien y lo tenemos como algo propio e inquebrantable, porqué las personas/pacientes a las que atendemos tienen el derecho de que sus datos médicos, personales y/o familiares, sean tratados con la máxima confidencialidad posible.

Al igual que los docentes y los profesionales de la salud otras profesiones como abogados, periodistas, trabajadores sociales… actúan bajo un mismo código de ética profesional y sería una mala praxis que desvelaran información confidencial de sus clientes.

Educadors informals i ètica professional

Educadores informals y ética profesional

Pero ¿qué ocurre cuando otras profesiones relacionadas con la educación “informal” no se rigen por un código ético o deontológico explícito de su profesión? En este caso es lógico pensar, que como seres humanos todas las personas tenemos nuestra propia ética personal que nos hace actuar de una forma u otra según nuestros valores, pero en cuestión de ética y valores, hay de todo, y algunos serían cuestionables. Y es aquí donde surge el dilema. ¿Está segura la información personal que compartimos? Pues quizás no, pero como adultos, tenemos la capacidad de gestionar la información que deseamos o no, compartir, y sabemos ser precavidos sobre los datos que facilitamos. Pero, ¿qué sucede cuando el cliente es un menor? Los niños se encuentran en una situación vulnerable, porque no siempre son capaces de inhibir sus sentimientos y emociones y mucho menos tener un buen autocontrol sobre lo que deben o no contar de su vida privada. En este caso, cuando el cliente es un menor, la información relativa a la vida de los niños y niñas se encuentra en una situación de vulnerabilidad.

Hacer un mal uso de la información a la que se tiene acceso como profesional, conlleva a una mala praxis, pudiendo llegar a comprometer situaciones y personas y vulnerando la protección del menor.

Los “educadores informales” como los profesionales que realizan actividades extraescolares, en centros cívicos, profesores de música, de baile, monitores de actividades deportivas o de tiempo libre, canguros… Son personas que trabajan con menores y que tienen en sus manos información que concierne a la vida privada e íntima de los niños y niñas. Los padres, deberíamos sobreentender que ésta información relativa a nuestros hijos estará perfectamente salvaguardada, pero lamentablemente no siempre es así.

El educador informal, debería tener también su propio código ético y tratar con la máxima confidencialidad la información privilegiada a la que tiene acceso por su trabajo, ya que hacer un mal uso de ésta conlleva a una mala praxis, pudiendo llegar a comprometer situaciones y personas, y vulnerando la protección del menor.

 

Marta Prats
Enfermera y directora de Nútrim