¿Cómo gestionar les enfermedades crónicas de los trabajadores?

Las enfermedades crónicas (EC), son sin duda el gran reto de la sanidad en el presente y en el futuro. Unos hábitos poco saludables, asociados a una mayor esperanza de vida por los avances médicos y la tecnificación de la medicina, conllevan a que cada vez haya una mayor prevalencia de estas enfermedades.

Saber gestionar esta nueva realidad, es tarea de todos: Los profesionales de la salud, debemos implicarnos al máximo con las personas para transmitir todo nuestro conocimiento y empoderarlas para que realicen una buena gestión tanto los factores de riesgo como la enfermedad establecida. Las administraciones públicas y privadas, deben aplicar políticas de abordaje, no sólo una vez ya se ha diagnosticado la enfermedad, sino apostando por programas de prevención. La EC es silenciosa, y aparece sin avisar. Por tanto, es de sentido común, que aparte de promover la salud y hábitos de vida a los adultos, sumemos esfuerzos también para fomentar la salud desde la edad infantil. Como decía, la EC es el gran reto, pero el problema no es nuevo, sino que viene de lejos. Si hace 30 años se hubieran creado programas transversales de promoción de la salud en las escuelas, ahora tendríamos adultos más sanos y probablemente la incidencia de la EC debida a un estilo de vida poco saludable, sería menor.

Las empresas, en parte, miden su rendimiento por la capacidad productiva de sus trabajadores, y saben que cuando aparece la enfermedad, ésta tendrá un impacto, en mayor o menor medida, sobre su productividad. Saber prevenirlo es clave , pero más importante aún es saber gestionarlo.

Tuve una paciente que a los 37 años fue diagnosticada de cáncer de mama. En ese momento, con el equipo del servicio del Hospital donde yo trabajaba como enfermera, estábamos inmersos en un programa para mejorar la atención al paciente oncológico , y una de las tareas que realizábamos era evaluar el impacto de la enfermedad en su vida y qué preocupaciones tenían las personas ante el primer diagnóstico. Aquella paciente en concreto, tenía un miedo terrible a ser despedida por sus jefes. Eran los primeros años de la crisis, y la posibilidad de perder el trabajo, la angustiaba especialmente.
Durante los aproximadamente 8 meses que duró el tratamiento más agresivo con quimioterapia y radioterapia, ocultó su enfermedad a la empresa y a sus compañeros de trabajo. Los cambios físicos, evidentes e inevitables por los efectos secundarios de la quimioterapia, los ocultó con una prótesis capilar y programaba las visitas y las sesiones del tratamiento de manera que interfieran mínimamente en su jornada laboral.
Aquella persona, no sólo tuvo que lidiar con una enfermedad tan cruenta y despótica como el cáncer, sino que también tuvo que vivir bajo la presión de que nadie en su trabajo lo descubriera.
Superado el primer año con la enfermedad, y habiendo acabado e tratamiento y recuperado su cotidianidad y su aspecto físico, pudo bajar la guardia y asistir con normalidad al trabajo, pero fue entonces que todo el estrés de esa situación vivida, le pasó factura y su estado de ánimo cayó en picado.

Creo firmemente, y es una opinión subjetiva, pero infundada por mi experiencia de 20 años trabajando en la atención hospitalaria con personas con problemas de salud, que esta paciente en concreto, habría vivido de forma mucho más saludable su proceso oncológico si hubiera podido tener un acompañamiento en este proceso por parte de la empresa donde trabajaba. Y no es que la empresa no se lo ofreciera, sino que la empresa ni siquiera a día de hoy, sabe que Ana es una persona que ha superado un cáncer de mama.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Actualmente trabajo para la promoción de la salud en el entorno escolar y empresarial. Veo necesario y urgente la implementación de programas de salud y prevención en estos entornos para mejorar la salud de las personas en el futuro. Pero desgraciadamente, el cuerpo humano no es una máquina perfecta, y por mucho que tengamos unos buenos hábitos de salud, la EC es multifactorial, e inevitablemente hay personas que acabarán desarrollándola. Saber gestionar y velar por la salud de los afectados, no es sólo una cuestión de responsabilidad social, sino de necesidad para la sostenibilidad dels sistema sanitario.

El envejecimiento de la población, también afectará al envejecimiento de las empresas, y éstas, deben prever la nueva realidad que se les planteará en un futuro no muy lejano. Hace poco leía un artículo en el diario El Pais titulado “Las canas revolucionan la economía española” donde se hacía una reflexión sobre el envejecimiento de la población debido al aumento de la esperanza de vida y la caída de la natalidad. Antonio Abellán García , investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) comentaba que “A partir de 2023 , el Proceso de Envejecimiento del país se acelerará porque comienza la jubilación del baby boom. La Sociedad a la que vamos será muy diferente y por eso, las empresas y la propia economía tendrán que adaptarse”
En el mismo artículo Enrique Alcat, profesor de IE Business School comentaba “hacerse mayor es la base de la existencia humana y una oportunidad única para mezcla la energía de los jóvenes y la sabiduría de los adultos Mayores. (…) Es inadmisible acabar con la vida laboral de una persona a los 55 años”

Por lo tanto, entendemos que la población de la empresa también envejecerá, y aunque la EC tiene factores de riesgo modificables relacionados con el estilo de vida y que es urgente, necesario y sostenible abordarlos, hay otros factores como la edad o la carga genética que no lo son. Creo que las empresas no sólo deben implementar programas de prevención, sino también de gestión de las enfermedades de sus trabajadores, y no sólo dando respuesta a los accidentes laborales mediante los departamentos de prevención de riesgos o atendiendo a situaciones concretas desde los departamentos de salud laboral; sino mediante estrategias transversales que aporten a cada  persona herramientas para una gestión eficiente de la EC y habilidades para la vida diaria con la enfermedad silenciosa.

Las enfermeras, los médicos, y en definitiva los profesionales de la salud que trabajamos en la atención clínica de las personas, conocemos muy bien cuáles son sus necesidades y qué herramientas las empoderan para el autocuidado de la salud. Si tenemos personas empoderadas, tendremos empleados más autónomos, competentes y motivados en la gestión de la propia enfermedad, y la empresa, en definitiva, saldrá beneficiada. Las fórmulas están, sólo hay que detenerse y pensar cómo.

Marta Prats Molner
Directora de Nútrim
Enfermera y Diplomada en Salud Comunitaria
@mpmolner